sábado, 11 de enero de 2020

El arte de la política y el cine





Eduardo Fort (Buenos Aires, 1980) llegó a España en 2004 por primera vez. Elige vivir aquí y, aunque conserva su acento porteño (algo que me preocupaba que perdiera) se toma su españolidad muy en serio. Le acabo de hablar de los “moscosos” y cuando he tratado de ir a explicarle me ha cortado diciendo que ya sabe que se llaman así por Javier Moscoso, ministro de González.

Fort ha estudiado Ciencias Políticas en la Complutense y actualmente es doctorando en Estudios Norteamericanos por el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá.
Pueden verle como colaborador en Tiempos Modernos de Intereconomía, ocasionalmente en la radio, en Hora 25 de la Cadena SER y leerle en MilenioWeb.
La tesis doctoral de Eduardo se centra en el discurso político en el cine de Clint Eastwood y a ello dedicaremos la segunda parte de la entrevista.

Como casi siempre que la cosa se pone seria, tuve que pedir ayuda, pero esta vez la tenía en casa. Mi padre, pediatra de profesión, es un apasionado del cine desde sus tiempos de director juvenil del cineclub de Salamanca y subdirector del cineclub de la Universidad de Salamanca. Aquí les enlazo un par de posts de su blog -el primero de ellos escrito para orientarme con las preguntas-  por si ustedes quieren ubicarse previamente a la lectura del magisterio de Fort.



Para leer al pibe y a su metro noventa, vamos con un vaso de Amargo Obrero o de Pineral. En la primera pregunta verán cómo mi sugerencia de que se preparen un mate ha resultado fallida.
Eso sí, me escuchan un tango: Orquesta de Aníbal Troilo interpretando Quejas de Bandoneón.








Empecemos por el disgusto que te has llevado cuando sugerí “una tacita de mate” para leer la entrevista. Aún me río cuando escucho los audios en los que te enervas y yo no me bajo del burro. Explícanos por qué es una herejía y deja claro que, hablando en puridad, tengo razón.

Vamos por partes. La palabra “mate” es polisémica y viene del guaraní (ese hermoso e inasible idioma que se habla -fundamentalmente- en el Paraguay). A diferencia del té o del café, “mate” es tanto la infusión preparada a partir de la yerba mate como el envase que la contiene. Por lo tanto, podríamos explotar de paradojas diciendo “traéme el mate, que quiero prepararme un mate”. Ese presunto triunfo dialéctico que marcás al final de tu pregunta radica en que existe otra versión del mate, el “mate cocido”, que se bebe en una taza y se presenta en saquitos (las “bolsitas” de ustedes).


Yo siempre dije que mi luna de miel sería a Argentina. Vos sos porteño, ¿podrías, como ya hizo magistralmente Enrique García-Máiquez con El Puerto de Santa María, darnos algunas direcciones fuera del circuito turístico que merezcan la pena?

Aunque hay lugares (de los denominados “turísticos”) que tienen un indudable atractivo, Buenos Aires es una ciudad ecléctica y multicultural. Ese fenómeno de “urbe crisol” hace que en sus calles te encuentres con los más diversos tipos de arquitectura, sabores, paisajes y personajes. Como nos sucede a los porteños en España, los españoles se sienten en Buenos Aires exploradores de una terra incognita pero extrañamente familiar.

Mis gustos turísticos son un poco extravagantes. Decididamente me inclinaría por visitar los dos grandes cementerios porteños (el Cementerio de La Recoleta y el Cementerio de la Chacarita). En el primero se encuentra sepultada gran parte de la oligarquía que construyó el país (y también Eva Perón, en un acto de revancha póstuma); el segundo es lugar de descanso de deportistas y leyendas de la cultura como Carlos Gardel, el más grande cantante de tangos de la Historia (así como actores, deportistas, cantantes, etcétera). Por otra parte (y también como consecuencia de su riquísimo acervo cultural), Buenos Aires cuenta con templos y lugares de oración relacionados con casi todos los credos y confesiones existentes en el planeta. Nota aparte para la cuestión gastronómica: nombrame un estilo de cocina y te daré dos o tres restaurantes porteños que están al nivel de cualquier capital europea.

Tiendo a alejarme de los lugares más populares y (tanto en Buenos Aires como en cualquier ciudad) me inclino por perderme en calles desconocidas. Dígase lo que se diga, la Reina del Plata sigue siendo relativamente segura para el forastero.


Danos algunas indicaciones para preparar un asado y, más allá de lo gastronómico, del ritual. Creo que no todo lo relacionado con este asunto te gusta…

A riesgo de que mis compatriotas le pongan precio a mi cabeza, diré que (desde lo gastronómico) el asado no me fascina particularmente. Sí valoro y aprecio el ritual socio-familiar que el asado conlleva. Paso a explicarme.

Normalmente, un asado (entendido como la cocción a las brasas de diversas y, en algunos casos, inquietantes partes de la vaca) entre familiares y amigos comienza varias horas antes de la ingesta cárnica. Esto, qué duda cabe, implica que el asado sea una comida típicamente de domingo al mediodía, a menos que llueva; en ese caso, nos inclinaremos por alguna de las infinitas clases de pasta que de Italia trajimos y que, todo sea dicho, mejoramos. Creo que los factores fundamentales son el clima de armonía (o divertida discordia que nos vincula a los italianos), el reencuentro con los afectos y la preparación colectiva de la comida, cuya principal responsabilidad recae en el asador, personaje que se configura como el auténtico sacerdote del ritual.

No debería faltar una picada (simpática y vivificante ceremonia asimilable al tapeo) con bebidas alcohólicas del tipo vermú (atención a la perturbadora existencia del fernet, licor de hierbas italiano que ya es patrimonio argentino). La procelosa y progresiva llegada de ensaladas, achuras (casquería) y demás ingredientes edifica un clima de satisfacción colectiva que puede alcanzar cotas de interesante hedonismo.

¿Cuántas veces te han preguntado en España si Boca o River y cuál es la respuesta?

Comienzo por aclarar que, en Argentina, el fútbol es algo más que un deporte o un fenómeno colectivo. Es, directamente, parte de nuestra identidad. Y lo digo sin intención alguna de hacer demagogia. Buenos Aires es la ciudad del mundo que con más clubes de fútbol cuenta en su territorio.

El fútbol es para nosotros un lenguaje universal y una señal de reconocimiento. De fútbol pueden hablar (como si de un caso exitoso de esperanto se tratara) el obrero y el patrón, el sacerdote y el ateo, el policía y el ladrón. No es extraño que, al conocer a alguna persona en Buenos Aires, lo primero que esta nos pregunte luego de nuestro nombre es a qué equipo de fútbol pertenecemos. De hecho, suele darse una situación grotesca: se le pregunta a un argentino cualquier a qué equipo de fútbol pertenece y su respuesta es “soy de X, pero para responderte algo”. No existe deporte alguno en mi país que “obligue” a tener un club de pertenencia para cuestiones, por así decir, administrativas.

En mi caso -y por tradición familiar- soy hincha (palabra de origen uruguayo que remite al forofo) del Club Atlético Platense, institución deportiva tradicional de la zona norte porteña y que hoy se ubica a escasos metros de sus límites. Club más que centenario y con una historia rica en sinsabores pero pobre en títulos, “ser de Platense” es uno de los rasgos que con más honor llevo en mi trayectoria vital.


Ahora que vives en España también te has significado futbolísticamente, ¿seguías la liga española? ¿Qué comparación harías?

En España (como no podía ser de otra manera para un damnificado del fútbol como yo) y gracias a un muy querido amigo, entregué mi corazón al Atlético de Madrid. Desde Argentina se sigue y yo seguía con interés la Liga, puesto que desde tiempos inmemoriales hay futbolistas argentinos jugando acá.

Una comparación acabada entre ambas competencias excedería el espacio de esta entrevista. Solo diré que la La Liga está a años luz de la Superliga Argentina por cuestiones organizativas, económicas y logísticas. El fútbol argentino -con sus luces y sus sombras- es mucho más artesanal, por usar una palabra amable.


Voy a preguntarte tópicos: ¿Tomás mate? ¿Bailás tango (obviaré la disputa de su origen con Uruguay)? ¿Mejor marca de dulce de leche? ¿Sos peronista? ¿Sabés de todo?

Me encanta el mate, aunque no llego al punto grotesco de portarlo por la calle (eso es un rasgo más bien uruguayo). Lamento defraudarte, pero no bailo tango (aunque me encantaría hacerlo) y no me gusta demasiado el dulce de leche, al que solo acepto como un buen actor de reparto en la gastronomía. No soy peronista en la actualidad, pero lo fui a principios del siglo XXI. El peronismo tiene su punto irresistible, en según qué momentos de la vida (este detalle lo hermana con el comunismo, curiosamente). Digamos que sé algunas cosas de algunos temas. Los argentinos, en general, somos como aviones fumigadores de la cultura general: sobrevuelan y rozan, pero no profundizan.


¿España es lo que hay en el imaginario gaucho? ¿Qué tópicos sobre nosotros desmontarías después de llevar unos años aquí? Cuidado que eres descendiente de españoles, no tires piedras sobre tu tejado.

Más precisamente, llevo sangre andaluza y valenciana en mis venas. Para empezar, conviene aclarar que el mote de “gallego” que los argentinos colocamos a los españoles no es casualidad. La inmensa mayoría de los inmigrantes españoles que llegaron a Sudamérica provenían de regiones con acceso al mar: Vascos, andaluces, asturianos y, por supuesto, gallegos. Cuando llegué a España, allá por 2004, me sorprendió encontrarme con un país de costumbres bastante similares a las argentinas (aunque debo decir que el paroxismo de la similitud se alcanza en Italia).

La imagen que se tiene del “gallego” quedó anclada en el tiempo. Me refiero a esa especie de Paco Martínez Soria, trabajador incansable y padre de familia que lucha por lo que tiene y no comprende las vicisitudes de la modernidad. Ese es el personaje que protagoniza los clásicos -y, a esta altura, anacrónicos- “chistes de gallegos”.


Veo Tiempos Modernos con cierta asiduidad y mi pregunta es: ¿De verdad Fernando Paz y tú sabéis la vida de tantos dictadores africanos?

Si tenemos en cuenta que el principal hobby de millones de estadounidenses es la observación de pájaros, todo es posible. Tanto Fernando como yo (erudito él, un mero aprendiz yo) compartimos la pasión por la Historia. En mi caso, al margen de mis áreas de investigación, siempre me fascinaron las historias de autócratas delirantes. En su día, le propuse a Fernando hablar de ellos en ese gran programa que es Tiempos Modernos y aceptó encantado. Siempre le agradeceré la oportunidad que me dio para exhibir mis torpes destrezas en público.


¿Cuánto hay de Laclau en Podemos?

Diría que tanto Laclau como su esposa Chantal Mouffe son autores más citados y menos comprendidos que leídos; un fenómeno clásico entre los cultores de las Ciencias Políticas. Sin profundizar demasiado, creo que Podemos -como toda formación política de izquierdas- abreva en infinidad de autores, de los que toma algunas ideas básicas. Laclau fue disruptivo y original en sus reflexiones sobre el populismo de finales de los ’70, pero creo que su obra global está sobrevalorada y no reviste mayor interés.

Como Podemos.
Esa incendiaria declaración corre por tu cuenta.


Hablando de peronismo, hace poco te leíamos en un artículo de Política Exterior citando a Osvaldo Soriano: El peronismo es el único fenómeno que permite que asesino y asesinado griten a la vez y en el momento del disparo: “¡Viva Perón!”, ¿Argentina superará alguna vez este secuestro emocional?

Más que secuestro emocional, yo hablaría de una herencia irrenunciable que marcó, marca y marcará a generaciones de argentinos. El peronismo es, sin duda, un rasgo (“el hecho maldito del país burgués”, lo llamó John William Cooke) ineludible de la argentinidad. Aunque pudiera pensarse que el paso del tiempo borra los recuerdos, este no es el caso. Como alguna vez dijo el propio Juan Domingo Perón, “no es que nosotros fuéramos buenos, es que los que vinieron después fueron peores”. El paso del tiempo agiganta los logros positivos del peronismo y reduce a la anécdota risible sus facetas más oscuras (la persecución a la oposición, la amable recepción a los criminales de guerra nazis, la violencia política desatada a finales de los ’70 y un largo etcétera). Tomado en abstracto, el peronismo se convierte en una Arcadia feliz a la que todo argentino (especialmente, quien no vivió esa época) desea volver. Si a esto le sumamos la eterna pasión argentina por la autocontemplación orgullosa, estamos ante -como dice el tango- “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.


El gran tuitero @lagarti80670845 te deja esta preguntita: Cualquier bohemio sueña con escuchar el tango de la Guardia Vieja, putear en lunfardo y desgarrarse la garganta en Núñez o la Bombonera, ¿qué proceso idiomático exacerbado les inoculan desde bebés?

José Antonio Zarzalejos me dijo en una ocasión que los hispanoamericanos hablamos el auténtico español. Aunque agradezco el cumplido, creo que el factor principal para responder a lo que me preguntás es la multiculturalidad que construyó la Argentina en general y Buenos Aires en particular. Esta influencia provocó que nuestra manera de expresarnos (algunos académicos entusiastas sostienen que el “argentino” debería ser considerado un idioma en sí mismo) sea rica en variaciones y giros, diría, poéticos.


La mejor manera de conocer Buenos Aires es la literatura de Arlt o de Sabato y sin embargo cualquier europeo siempre referirá a Borges como escritor rioplatense de referencia…

Jorge Luis Borges es mi escritor favorito. Dicho eso, y aunque Borges fue un enamorado de Buenos Aires (ciudad a la que le dedicó infinitas líneas y versos), considero que es un escritor más universal que argentino, rasgo que comparte -desde otro punto de vista- con Julio Cortázar. Roberto Arlt desde lo concreto y Leopoldo Marechal o Alejandro Dolina (desde lo fantástico) son escritores menos conocidos por el gran público europeo, pero más prosaicamente porteños que Borges.


Me llama la atención que en un país tan aquejado económicamente por la mala gestión política, cuenten con una ciudad como Buenos Aires, en la que el número de bibliotecas supera el de la ratio bares/personas en España.

Desconocía ese dato, pero no me extraña. La generación del ’80, liberales positivistas que construyeron la Argentina moderna, tuvieron un indiscutible proyecto cultural. Con todas las vicisitudes que el país atravesó en el siglo XX, esa tradición de cultura refinada y sofisticada nunca terminó de desaparecer y se alimentó de las más diversas influencias. Me refiero a que Argentina -específicamente, Buenos Aires- tiene teatros, librerías, centros culturales y, como decís, bibliotecas, en mayor número que muchas así llamadas “capitales mundiales”. La cultura porteña es un animal vivo y mutante. Todo el tiempo, en cualquier lugar, hay alguien creativo en Buenos Aires.


Hablando de CABA, ¿qué hay en el segundo piso de Corrientes 348?

Según el tango A media luz (porque a eso te referís), un bulín (“picadero” en buen castizo). Actualmente creo que existe un edificio de oficinas, o algo parecido. Tendríamos que preguntarle a Carlos Gardel o al propio Julio Iglesias, que también lo versionó y de bulines debe saber bastante.


Cine argentino; a mí me gustó mucho Nueve Reinas, pero aquí el triunfo indiscutible fue para El hijo de la novia. ¿Algo que debamos conocer?

La mayoría de las películas valoradas en España pertenecen al llamado Nuevo Cine Argentino, que se inicia con Pizza, Birra, Faso (Bruno Stagnaro e Israel Adrián Caetano, 1998). Hablamos de un cambio radical en lo que históricamente eran películas livianas o con pretensiones de trascendencia histórica. Desde ese momento, directores como Juan José Campanella, Fabián Bielinsky y Damián Szifrón consolidaron y marcaron la tendencia a seguir, de la mano de actores fetiche como Ricardo Darín.

Sin embargo, conviene tener en cuenta que el cine argentino tuvo una época dorada en las décadas del ’40 y el ’50 del siglo XX, donde compitió por méritos propios con Hollywood. De esa etapa puedo recomendarte joyas como La guerra gaucha (Lucas Demare, 1942) Dios se lo pague (Luis César Amadori, 1947), Las aguas bajan turbias (Hugo del Carril, 1952) o La muerte camina en la lluvia (Carlos Hugo Christensen, 1948), entre muchas otras.


Háblanos de la situación política actual en Argentina, tras la reciente derrota del macrismo y la vuelta del kirchnerismo. Viendo lo que acaba de pasar aquí en España también, ¿el ser humano tiende a la subvención por naturaleza?

No diría que el ser humano tiende a la subvención o a la ayuda estatal. Aunque no me guste, resulta lógico y evidente que -en ambos casos y con sus abismales diferencias- en situaciones de crisis política, económica o cultural, las personas reclaman la participación y la influencia de un Estado eficaz y presente, que conjure los problemas que el Mercado no puede o no debe resolver. El escenario argentino es harto más complejo. El eterno recuerdo del peronismo -ese supuesto generador de una Argentina feliz, libre y soberana- pesó, pesa y pesará como una losa para toda la clase política. En el caso de España confluyen dos factores: a la crisis económica se suma la necesidad de un gobierno estable, sea el que sea, que finalmente pueda tomar las riendas del país durante -al menos- cuatro años.


Recuerdo artículos muy divertidos de David Gistau -al que deseamos una pronta recuperación- sobre la sociedad de Punta del Este. Recordemos que es donde veranea la alta sociedad argentina... ¿Nos haces una fotografía de lo que podemos encontrar allí?

Punta del Este tomó el legado de Mar del Plata, la ciudad balnearia por excelencia de la alta sociedad argentina. El peronismo -siempre el peronismo- posibilitó el acceso de las clases medias y bajas a la ciudad, con lo cual la oligarquía se retiró hacia otros destinos estivales (verbigracia, Pinamar o la mencionada Punta del Este).

En el caso de Punta (como le dice la “gente bien”), nos encontramos con una ciudad moderna (aunque bucólica y pueblerina, como todo el Uruguay) donde es más importante hacerse ver que descansar y disfrutar de las playas. Esto conlleva, como no podía ser de otra manera, el drama patético de aquellos que, sin pertenecer a los estratos más altos de la sociedad, viajan a Punta del Este con el único, exclusivo afán de “pertenecer” (sin los privilegios a los que aludía American Express). A todo esto, debemos sumar que el acceso fácil a los dólares que provocaron las políticas de Carlos Menem en la década del ’90 hizo que Punta del Este deviniera, en gran parte, paraíso para “nuevos ricos”.


Para vosotros Bergoglio es un viejo conocido por haber sido Arzobispo de Buenos Aires, la figura más importante de la Iglesia Católica Argentina. Recientemente, en la película Los dos Papas (que es una fantasía, pura elucubración, por otra parte), cuyo objetivo parece el ensalzamiento de “Pancho” -como le llamáis- se deja caer que se arrepiente de su papel durante la dictadura de Videla, ¿luces y sombras?

Jorge Mario Bergoglio es un personaje complejo y fascinante para cualquier interesado en la Historia Argentina (y, ahora, Universal). Conviene tener en cuenta que el Arzobispo de Buenos Aires es la figura más poderosa de un país tradicionalmente católico. En relación a este último asunto, te recuerdo que el artículo 2 de la Constitución de la Nación Argentina afirma que “el Gobierno Federal sostiene el culto católico apostólico romano”. Pasaron más de ciento sesenta años de la redacción de ese texto y nadie se pone de acuerdo en qué implica “sostiene”, pero ese es otro tema.

Volviendo a Bergoglio como jerarca de la Iglesia Católica, siguió los pasos de influyentes y florentinos cardenales argentinos como Santiago Copello, Antonio Caggiano, Juan Carlos Aramburu y el propio mentor del actual Papa, Antonio Quarracino. Todos ellos vinculados a épocas turbulentas de la Historia Argentina.

Aunque un análisis acabado que escape de las acusaciones infundadas o el edulcoramiento excesivo excedería (con mucho) estas líneas, alcanza con decir que Bergoglio atravesó durante su vida (humana y eclesiástica) dictaduras militares, gobiernos democráticos demás escenarios políticos. Tuvo un papel relevante en todas esas etapas. Desde sectores de la izquierda se lo acusó de cómplice en la entrega de disidentes políticos durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (la dictadura que ensangrentó el país entre 1976 y 1983, durante la cual murieron asesinados dos obispos), pero -como si de un cuento de Jorge Luis Borges se tratara- personajes importantes del progresismo argentino lo defienden como un resistente a la persecución política de esos años. Su sinuosa relación con el peronismo (muchos analistas lo vinculan a Guardia de Hierro, formación tradicional de la derecha peronista) es otro clásico a la hora de analizar su biografía. Lo que es indudable y polémico es su rol actual como operador político en el escenario argentino, esta vez desde el extranjero (como sucedía, curiosamente, con el propio Juan Domingo Perón durante su exilio madrileño).


Eres experto en la obra de Clint Eastwood; en la primera pregunta al respecto se me ocurre hacer una comparativa con los inicios de John Ford.

Gracias por lo de “experto”. Si tenemos en cuenta que Clint Eastwood consolidó su carrera (como actor primero, como director después) en el Wéstern, y que John Ford fue el padre del género, la relación entre ambos es evidente. Sin embargo, el cine de Ford exhibe un estilo más épico, depurado y -si se me permite- políticamente correcto. No es casualidad que el hijo dilecto de John Ford sea, para toda la eternidad, John Wayne (el arquetipo de cowboy por excelencia).

Eastwood, a quien podríamos ver como un hijo rebelde de Ford, abrevó en las fuentes de Sergio Leone, el director italiano que revolucionó el género e instauró una nueva manera de sentir el Wéstern: un modo sucio, ajeno a sensiblerías y, si se quiere, imparcial. En las películas de Leone (primero) y de Eastwood (después), los buenos no son necesariamente adorables y los malos no son inevitablemente repulsivos. Lo que vincula a John Ford y Clint Eastwood, eso sí, es su amor por los Estados Unidos, los valores estadounidenses y la cultura del país. 


También encuentro semejanzas con el tratamiento que les dio la prensa extranjera izquierdista en sus inicios. La europea era más combativa por no estar controlada (económicamente) por los estudios, pienso. A ambos se les acusó de militaristas; a Ford por la trilogía de la caballería (Fort Apache, La legión invencible y Río Grande), a Eastwood por El sargento de hierro, de fascismo por Harry el sucio, de antisistema por Poder absoluto…

Es interesante lo que apuntás. Ambos fueron atacados por sus presuntas veleidades derechistas, conservadoras y -en el caso del maestro Eastwood- fascistas. Este último término es, probablemente, la palabreja más y peor usada en las últimas décadas, pero esa discusión daría para dos entrevistas más.

Tengo para mí que el sambenito de “derechista” esconde, más que nada, una simplificación absurda que evita (para las mentes torpes) un análisis más detallado de filmografías complejas, ricas en simbologías y significados, que escapan -y pretenden escapar- a cualquier estéril encasillamiento. 


Sin embargo, Eastwood tiene películas de corte claramente antimilitarista, como Banderas de nuestros padres o Cartas desde Iwo Jima. Esta última, por cierto, es de las pocas películas, junto a Tora! Tora! Tora! que presenta su visión sobre la campaña del Pacífico (IIGM) desde ambos lados del conflicto, en contraposición a otras como Arenas Sangrientas con John Wayne, por ejemplo.

Eastwood es un narrador de historias. Si nos fijamos en sus personajes, es habitual que no tome partido por postura alguna ni abogue por nada. De hecho, una de sus películas más polémicas relacionadas con el asunto militar (El francotirador), es la menos apologética que pueda encontrarse sobre el Ejército de los Estados Unidos. En esto se ubica en las antípodas de John Wayne, que siempre actuó o dirigió largometrajes más bien propagandísticos y de ensalzamiento del orgullo nacional.


Por un puñado de dólares. Yo diría que hay tres claves: Morricone, Eastwood con sombrero muy usado, sarape y cigarro (se dice que no era fumador en aquella época) y un personaje sin nombre y poco hablador, ¿aquí empezó a forjarse la leyenda?

Dicen que las grandes películas, esas que hacen época y marcan el nacimiento de un género, son producto de la casualidad. Coincido con vos en que Sergio Leone fue el demiurgo que dio a luz esa maravilla (mal) llamada Spaghetti Western. Hasta ese momento, Eastwood era un actor poco conocido y de trayectoria eminentemente televisiva. Su representante -providencialmente- vio en el cine de género europeo una posibilidad de dinero fácil e improbable desarrollo profesional; una historia que magistralmente refleja Quentin Tarantino en la maravillosa Érase una vez en Hollywood. Palabras aparte merece la música del maestro Ennio Morricone, sin la cual no se entiende el cine en general y el Wéstern de Leone en particular.


¿Has visto Mula? Creo que sin ser una obra de arte refleja muy bien sus valores…

A esta altura del partido -y dada la mayoritaria mediocridad de los cineastas actuales- cualquier cosa que Scorsese, Eastwood o Allen filmen con una mano atada a la espalda es mejor que el estreno de la semana.

Por otra parte, creo que Mula confirma una tendencia iniciada con Gran Torino: el director que comienza a despedirse de su público aunque, como Manoel de Oliveira, probablemente dirija hasta su muerte.


Clint Eastwood fue alcalde independiente de Carmel. Su presidente natural -diríamos que- es Reagan y, sin embargo, le despreciaba desde su época de actor. Hizo campaña por Nixon y apoyó a Eisenhower. Tu tesis doctoral se centra en el mensaje político en su cine, ¿dónde le situamos exactamente?

Podemos situarlo (aunque él nos golpearía por querer encasillarlo) en el liberalismo eastwoodiano. Él se define como un republicano puro, alejado del devenir conservador y dispendioso que el GOP exhibió en sus últimas décadas. Creo que la ideología de Eastwood se sostiene sobre dos pilares: la independencia y autonomía del individuo y el amor por los Estados Unidos de América, país que -con sus logros y sus errores- siempre considerará su lugar en el mundo. Por dar un ejemplo, aunque no votó a Barack Obama, de inmediato cerró filas junto a él; “es mi presidente”, se ocupó de subrayar.


Háblanos de la polémica surgida en EE.UU. con Richard Jewell. Recuerda mucho a lo que hablábamos antes: la insoportable corrección política y el lobby feminista atacando al director de Million Dollar Baby y El intercambio. Parece que son acusaciones que se desmontan con un poco de cultura…

Nunca me gustó el argumento que sostiene “tengo un amigo judío; por lo tanto, no soy nazi”. Sin embargo, es interesante utilizarlo en el caso de Eastwood. Si se tratara del fascista, misógino, xenófobo y conservador que algunos dibujan, sería impensable que figuras clásicas del star system progresista como Sean Penn, Leonardo Di Caprio, Tim Robbins, Angelina Jolie, Meryl Streep, Kevin Bacon (y siguen los nombres) hayan trabajado gozosamente con él.

Eastwood cuenta sus historias. Como a los ya citados Scorsese y Allen, pero también Polanski y -en el caso de España- García Berlanga o Garci (profundo admirador de Eastwood, vale aclarar), le da igual el qué dirán.


Voy a decirte unos cuantos títulos y comentas con una frase corta lo que te parezca más destacable.

-Gran Torino: es el comienzo del final de la carrera de Eastwood. Un hermosa semblanza de la confusión existencial que provoca un mundo que desaparece.

-Mystic River: también es una sinfonía dolorosa. En este caso, sobre la infancia y la madurez, con una descripción cruda del devenir vital y sus consecuencias sobre las personas.

-Firefox: es una de las películas menos valoradas del legado eastwoodiano. Yo la rescato como un formidable relato digno de la Guerra Fría (estrenado además, en la época de los venerables bodrios de Cannon Films, gracias a la dupla Golan-Globus), pleno de efectos especiales obra del gran John Dykstra, el de la Guerra de las Galaxias original.

-Invictus: es una de las escasas incursiones de Eastwood en el cine político concreto. A eso le suma, además, su semblanza del rugby, un deporte desdeñado en los Estados Unidos y que juega un papel importante en la película. Sin embargo, me comprenden las generales de la ley, porque me encanta.

-Los puentes de Madison. Creo que las señoras querrán más de una línea sobre ésta.
Sorprendió a todos. Es una de las historias de amor más hermosas que dio el cine estadounidense y llegó de manos del director más improbable. Dibuja un amor puro, sin ambigüedades y sin adjetivos innecesarios. Sigue siendo una de las joyas de Eastwood. No pierde vigencia y conviene revisitarla periódicamente.

Si no tuviera ese final, ¿no sería Eastwood?
El maestro no es un tipo que ame los finales tradicionalmente felices. A las pruebas me remito.

Es un final feliz, de hecho. Triunfan el deber, el compromiso y el respeto. Bien por Eastwood.
Pasan los años y el maestro siempre mantiene una línea de conducta: el respeto por las tradiciones y los valores en los que se crió.






Muchas gracias, Eduardo. A pesar de ser viejo amigo, disfruto descubriendo cosas nuevas cada vez que hablamos. Estoy segura de que esta charla habrá resultado tan interesante a los lectores como a mí.



Además de en los medios de comunicación que he citado en la introducción a la entrevista, pueden seguirle en Twitter: @EddieFort





sábado, 14 de diciembre de 2019

El arte de celebrar la Navidad







Cuando publiqué la primera entrevista de esta serie, a Juan Pérez de Guzmán, recibí muchísimos mensajes diciéndome que se les había hecho corta, que si podía hacer una segunda parte o que dónde podían seguirle. Las fechas en las que nos encontramos nos han parecido un buen momento para retomar el tono de aquella conversación y centrarla en los aspectos formales y sociales de la Navidad.
Esperamos que guste tanto como la anterior. Son independientes, quienes no hayan leído la primera pueden empezar por esta pero aventuro que van a quedar con ganas de más. Tienen suerte, les queda por leer de nuevas "El arte del dandismo".


Juan Pérez de Guzmán (Madrid, 1976) es licenciado en Derecho y máster en Comunicación y Moda. Aunque lo suyo es una gran experiencia vital, una vasta cultura, un gusto exquisito -con el que se nace- y un ojo clínico de gran precisión.














Disclaimer: las opiniones vertidas en esta entrevista son personales e intransferibles, no infalibles y en ningún caso se pretende corregir, esnobear o reprimir nada. Simplemente se quiere responder a una serie de cuestiones que, seguro, nos "atenazan" durante unas fechas que el Mercado ha vaciado de todo contenido trascendente. Así que, ante todo, animus iocandi... Humor, vamos.





Se dicen que en la noche de San Silvestre el diablo anda suelto. ¿La celebras?

Es una de las noches más horteras del año. Le dedico pocas solemnidades, incluso en lo alimentario. Es el día ideal para no salir de casa. Por supuesto, todo aquel que sigue los rituales gilipollescos que propone la televisión para tener la suerte de tu lado esa noche (por ejemplo, llevar algo rojo, poner oro en la copa del espumoso y etc.) es para despellejarlo lentamente. Mejor y más eficaz es rezar algo en familia y pedir a Dios por el año que empieza. No se trata de ser un puritano, si quieres celebrar, celebra, pero con normalidad y el oropel justo. Creo que somos un puñado de románticos los que todavía pensamos así.


Pues hay quien estrena smoking para la ocasión, ¿qué opinas?

Que es un cretinez. A no ser que estemos obligados a salir y cumplir con una invitación que nos exige el atuendo en cuestión. El problema del smoking (llamado dinner jacket en el país que lo inventó) es que lo carga el diablo. Es una de los atuendos que más fácilmente puede destruir reputaciones masculinas y con el que ir hecho un payaso creyendo ir elegante es muy fácil. Un traje perdona bastante más. Ciertas ocasiones, como algún sarao en Navidad, incitan a complicar una vestimenta que fue encargada a Henry Poole por Jorge V para simplificar la etiqueta masculina durante las cenas en Balmoral. Si el que inventó la prenda quería algo simple (dentro de los estándares de la época, claro), ¿qué haces tú con esos zapatos que deslumbran, esos pantalones escoceses, esa pajarita “de chicle” y ese cuello de camisa? Asumir que no eres un modelo de Dolce & Gabbana y hacerle un corte de manga a la fashion –sobre todo si es de masas- es uno de los primeros pasos para entrar en la vida elegante.










¿Cuál es el menú ideal para las fechas navideñas?

Pienso que lo propio sería un buen foie gras, un consomé, un capón o una pularda rellena y los dulces típicos de estas fechas como postre. Pero bueno, vengo de una familia cosmopolita-cosmopaleta, muy influida por la cocina internacional, capaz de discutir tres horas sobre el origen de un alimento, cómo se come y dónde se come la mejor versión. Asumo que mi enfoque sobre la cosa puede estar distorsionado. A principios de los 80, hacia el final de la Transición, veía a los adultos de mi casa cenar langosta thermidor y bavarois la noche del 24 de diciembre, todo hecho en casa y servido con guantes y chaquetilla blanca. Había ambiente de celebración, pero eso no es una cena de Navidad muy típica. Prefiero la carne de ave rellena y desconfío del marisco y el caviar. Sé que hay gente a la que le da por el cordero o el pescado y, francamente, si es tradición en su casa, me parece bien. Para mí, lo fundamental es que el menú sea especial sin que parezca que uno está cenando en la mesa del Marajah de Kapurtala o de un saudí cualquiera, pero con vino. Bueno, aunque los saudíes, cuando nadie les ve, pueden ser o no ser...


¿La manera correcta de llamarlo es foie o foie-gras?

En España el "fuagrás" se asocia a una merienda infantil y durante años me pareció extraño utilizar ese "palabro" para denominar este manjar típico de la Navidad. Y digo típico de estas fechas porque mi mujer, francesa, me puso cara de póker cuando lo elegimos como primero para la cena de nuestra boda, que fue a finales de verano. Pero coló. Es una especialidad del suroeste gabacho y ellos son muy puristas con estas cosas, como lo son con el pan, los quesos, la mantequilla, la repostería, el champán y todo lo que implica su terroir . Eso sí, luego le das un jamón de bellota a un chef conocido de allí y es capaz de masacrarlo utilizándolo para sofisticar un plato infantil, como son las coquillettes (leído en El Mundo hace no mucho tiempo). Bueno, a lo que íbamos, creo que es más correcto llamarlo foie gras. Unos consejos:
Hay diversas variedades en cuanto al animal, la calidad y su preparación: pato, oca, entier, bloc, mousse, mi-cuit... Lo ideal sería escoger pato y entier. No entro en el asunto de la cocción, es personal, ni de si uno lo quiere con trufa, sin trufa o con todas las chorradas que lo hacen todavía más oneroso de lo que ya es. No compres una marca conocida. Cómpralo a un pequeño productor francés o compra uno navarro.
Si eres un purista, lo deberías comer acompañado con un poco de pain d'épices y una copa de Sauternes. Lo ideal sería un Chateau d'Yquem, si te lo puedes permitir, claro. Yo no puedo, no me apetece hacer todavía más rico a Bernard Arnault (gran apoyo de Macron) y además no me gusta el vino dulce. Por otro lado, el sabor del pain d'épices es especial, así que no necesitas añadir chutneys o esas mermeladas (nunca lo he entendido) que, me da a mí, tiene bastante de anglosajón. La de higo podría estar permitida, pero habría que acompañar el foie gras con un pan de nueces, por ejemplo.
Y, por favor, no lo untes. JAMÁS. Es pecado. Casi más que ponerte pajarita o smoking. Coge una pequeña porción, colócala encima del pan y listo.


¿Y el alcohol? ¿Sidra, cava, champán?

Por influencia francesa, siempre he sido mucho de champán y llegué a tener curiosidad por sus distintas formas (el zéro dosage, por ejemplo). El problema es que el champán es al alcohol lo que el smoking a la vestimenta: algo muy traidor y que, de primeras, parece favorecer. Durante una celebración navideña de empresa, en una de las oficinas más bonitas de París, con vistas a la Place Vendôme y decorada por el Ralph Lauren francés, Jean-Michel Signoles, me tomé una botella de Krug casi en ayunas y yo, que soy más de Hendrix, Santana y Richie Kotzen, me acabé marcando unas pseudo sevillanas muy toreras con la atractiva "Madame" Signoles y Ricky Martin de fondo musical. Desde entonces apenas he vuelto a probar una gota. Eso sí, mi consejo habitual: no hagáis más rico todavía a Bernard Arnault. Evitad la Veuve Clicquot y si no podéis evitarlo, el clásico Moët está muy bien. Otras opciones podrían ser Perrier Jouët, me gustaría probar su versión Belle époque pero no quiero meterme en un préstamo al consumo; Bollinger, el preferido de James Bond; Taittinger, que desconozco si forma parte del grupo LVMH; o el mítico Laurent Perrier.


¿Te gustan los villancicos? Temo que estemos a punto de asociar el concepto “villancicos” a Mariah Carey vestida de Mamá Noël cantando All I want for Christmas is you.

Me gustan, sean españoles o franceses. Il est né le divin enfant es muy bonito, sobre todo después de una Misa solemne tradicional con quince monaguillos y donde un tipo a la entrada, vestido de guardia suizo de Luis XVI (con su porra y todo) hace de "acomodador", pero no tiene ese toque canalla y popular de los villancicos españoles.


Lo que no soporto son los cánticos navideños de crooner. Cada vez que oigo a Frank Sinatra cantar un Jingle Bells o así, me siento teletransportado a un centro comercial del extrarradio norte de Madrid. Es duro de aguantar.


¿Cómo se felicita en estas fechas?

Pues como se ha felicitado desde hace, fácil, siglo y medio: "Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo". Lo que toque en función de la fecha. Lo que no aguanto es la ordinariez laica de "¡Felices Fiestas!". ¿Qué fiestas? ¿El solsticio de invierno? Otra cosa que no soporto, y sobre la que otros han escrito mucho ya, es lo de complicar felicitaciones simples. Es mejor felicitar el Año Nuevo que desear buenas "entradas y salidas". Si pudiera, mandaría al paredón a aquel que me felicita "las fiestas" y me desea "felices entradas y salidas de Año".


¿Prefieres la Galette de Rois o el Roscón de Reyes?

Curiosa pregunta para una española. Es una polémica muy gabacha que está muy relacionada con la inmigración portuguesa que llegó a Francia durante los años 50 y 60. Trajeron el roscón al país vecino. Honestamente, me gustan los dos, pero como español me quedo con nuestro dulce de Reyes y al natural. Sin relleno. Allende los Pirineos, esto del roscón es una cosa de íberos. Ellos están muy contentos con su galette, que es mucho más grasa y cuyo contenido, la frangipane (una especie de pasta de almendras), no es del gusto de todo el mundo. Es una versión más “hojaldrada” y ligeramente rellena de nuestro roscón. He tenido debates duros con franceses sobre este asunto y, ni que decir tiene, me quedo con nuestro roscón.


Se ha perdido la costumbre pero a mí me encanta felicitar por correo postal. Te diré que cada vez cuesta más encontrar felicitaciones decentes … ¿cómo hacerlo correctamente?

Con una postal o “christmas” de simbología religiosa. Europa ha dado grandes pintores que han trabajado como nadie temas como la Adoración o la Natividad, ¡¿para que coño (con perdón) me envías una postal de UNICEF con una bola de árbol de Navidad y una guirnalda?!


Otra opción, en la que he caído también, es la de felicitar con una foto de familia. Pero bueno, ahora que estoy de vuelta en España no lo haré. Todo menos dar un duro a UNICEF...


¿Para un hombre, se puede acertar con un regalo navideño como unos calcetines, una colonia y una corbata o son compras de compromiso que irás a cambiar al día siguiente?

Se puede acertar totalmente con ese tipo de regalo. De hecho, si se quiere hacer algo especial del típico presente navideño masculino, estos serían mis consejos:
Puedes encontrar unos bonitos y buenos calcetines en www.meschaussettesrouges.com. Hay diversas calidades, múltiples colores y motivos y varias marcas italianas, como Bresciani o Gammarelli, que se ocupa de la Curia Romana. Si te quieres sentir como Alexander Kraft o un jerarca de la Iglesia, ése es tu sitio web. Además, llegan a casa dentro de una funda perfumada y una nota manuscrita. Nota que cambia en cada adquisición de calcetines... En un mundo donde todo quisqui te vende "experiencias de compra", de las que soy bastante agnóstico, tengo que reconocer que estos tíos casi me hacen creyente.
Hoy en día se pueden encontrar fácilmente corbatas de Marinella. Hace dos décadas había que peregrinar, como hice yo, a Nápoles o a la boutique del hotel Jorge V en París. Era curioso hacer cola y entrar en esa tienda vetusta donde las corbatas se vendían casi a granel, sin ninguna ceremonia. Hoy día se encuentran por internet fácilmente y muchos las conocen. Lo que conocen menos son otros maestros napolitanos de la corbata como Francesco Marino o Patrizio Capelli. Los primeros solían vender en una página web franco-italiana llamada Zampa di Gallina aunque igual ahora ya tienen un sitio web específico. Capelli, por su parte, solía tener una página de internet con un viejo diseño que añadía gracia a la compra. En el segundo caso hay que tener un gusto seguro y conocer el universo de la corbata porque se pueden elegir los anchos, los largos y el número de folds ("doblados"). Vamos, que uno se la hace casi a medida. Personalmente, recomiendo 5 folds, poca entretela y un ancho de 8 ó 9 cms que pasará difícilmente de moda. ¿Otra opción? Los ingleses Drake's que, creo recordar, colaboraron con la introducción de Marinella en el Reino Unido.

El universo del perfume o la colonia quizás sea el más fácil... Basta con ir a la tienda más cercana y hacerse con el agua de colonia de Thierry Mügler o con Déclaration de Cartier. La primera es una muy buena alternativa a las típicas colonias de diario. Un clásico de packaging algo dudoso, pero con “éxito garantizado” como diría cierta Ministra. Eso sí, como buena agua de colonia, no tiene mucha proyección y dura cinco minutos... En cuanto a Déclaration, por 60€ o 70€ te estarás llevando una colonia del nez oficial de Hermès, Jean-Claude Ellena, que ha creado algo muy parecido para Les Éditions du Parfum de Frédéric Malle llamado Eau bigarade concentrée, difícil de encontrar en España y al doble de precio. Otro clásico éste, que nos introduce despacio en el mundo del perfume adulto y nos aleja de olores fresquitos y clónicos diseñados por niñas salidas de una Escuela de Comercio que siempre han soñado con trabajar en el service marketing de un gran grupo de lujo o moda.

Ninguno de los sitios web o marcas que he nombrado me patrocina, que quede claro. Iría contra mis principios. Me limito a dar a conocer casas y cosas que merecen la pena. Pequeños secretos.


Mucha gente huye de las “fiestas” para pasar las vacaciones en viajes de esquí.

Aunque tentado estoy, no te voy a decir que son una ordinariez. Lo dejaremos en que me dan mucha pereza. Pienso que lo mejor del esquí es el hotel. Pero un hotel en condiciones. Si está en la región francesa de Saboya, o en Suiza, estupendo. Así me puedo dar a la grasienta trinidad de los platos europeos de montaña más internacionales (fondue, raclette y tartiflette). Aunque mi preferido es el primero. Sobre todo si es al vieux comté. El comté es a Francia lo que el manchego a España: un queso fácil de encontrar en cualquier tienda de alimentación. Sin embargo y como todo, cuando uno lo prueba artesanal y bien curado la cosa cambia bastante. Recordaré durante mucho tiempo el lago de Annecy, los desayunos en el Auberge du Père Bise y la fondue que me metí entre pecho y espalda en el col de la Forclaz. Llegar en coche ahí arriba para comer fue una aventura, pero el chalet-restaurante merece la pena y lo recomiendo a todo aquel que pare por allí. Por si no ha quedado claro, paso del esquí. Tú dame paisaje, algo de alcohol y comida de montaña. Todo esto, lejos de Gstaad y de Courchevel, por favor.






Saboya



¿Qué ocurre con Gstaad o Courchevel?

Que igual te cruzas con Ana Patricia Botín. No (o bueno, sí). En serio. Gstaad lo he conocido fuera de temporada, pero el problema de estos sitios, como el de Saint-Tropez y gran parte de la Costa Azul, Mónaco incluido, es que están extrañamente frecuentados. No sólo el turismo de masas acaba con el encanto de ciertos lugares. También el turismo con muchos posibles. O la mezcla de ambos. Ir al Casino de Mónaco a jugar, aunque sólo sean 40 euros, y ver hordas de chinos e italianos de trapillo no te acerca mucho al universo de David Niven o Gianni Agnelli... Sobre todo después de que te hayan metido el rejón de tu vida por un solomillo requemado en el puerto (y esa mañana 20 pavos por un bocata de jamón York –au beurre de baratte, Monsieur-).


Que sea imposible circular o llegar a Saint-Tropez en plena temporada y sentarte en Sennequier para tomarte un trozo de tropeziènne (para que nos entendamos: una especie de roscón relleno de crema) porque tienes que ir esquivando golfas eslavas y rusos panzudos te acerca poco a Brigitte Bardot y a 1969 année érotique. Las “rivieras” siguen existiendo, pero su esencia ha muerto. He conocido muy tarde, en los 2000, esas ciudades balneario y refugios del siglo pasado para playboys, actrices y jet-setters. Casi siempre me han decepcionado. Por eso entiendo a aquellos que eligen el aburrimiento y la insoportable endogamia de ciertas urbanizaciones de la Costa del Sol para pasar el verano, o las vacaciones del norte, o las del pueblo.








Os deseamos Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Gracias por habernos acompañado en ”El Arte de … Entrevistas Masculinas”


Esperamos que siga la fiesta en 2020.


Agradezco de corazón a Juan Pérez de Guzmán, José F. Peláez, Mario Crespo, Enrique García-Máiquez y Jesús Camacho Corredera que hayan sido tan generosos conmigo en este proyecto. He aprendido muchísimo de cada uno de ellos, de la sabiduría honda y auténtica que ofrecían en sus diferentes estilos. Las masculinidades no han sido otra cosa que educación, la ya mencionada generosidad, trato exquisito y un sentido del humor fascinante por nacer de la inteligencia.
Lo siento por quien elija perderse esto para darse a las performance tribales en taparrabos.

Esperanza Ruiz Adsuar.



Belén es toda la vida

Yo, más viejo cada año
y Tú, cada vez más Niño
Yo, cada vez más de barro;
Tú cada vez más divino...

Cuando termine el camino
y llegue, al fin, al Portal,
pondrás un soplo de espíritu
sobre mi carne mortal.

Enrique García-Máiquez




viernes, 29 de noviembre de 2019

El arte de la música

"Lo mejor que se puede hacer en los colegios es inculcar el amor por la música clásica de la manera más desordenada posible"


Primero pregunté y luego pensé. La pregunta, como siempre, fue: ¿te gustaría participar en las Entrevistas Masculinas de "El Arte de"?
La reflexión, cuando dijo "sí": ¿y qué hago yo ahora con este "chico" tan talentoso si mis conocimientos son muy básicos? ¿Le ocurrirá a los lectores como a mí y se perderán con la más mínima referencia o explicación?
La primera cuestión se ha solventado gracias a la inestimable ayuda de Esaúl R. Las preguntas inteligentes son obra suya. Le agradezco sus desvelos y su paciencia para que todo saliera bien.
La segunda la ha resuelto el propio entrevistado. Dejen los prejuicios a un lado y lean con atención cada respuesta porque Camacho no nos está hablando solo de música, nos está dando muchas claves para la vida en un tono divertido y culto.

Jesús Javier Camacho Corredera (Sevilla, 1983) se formó en el Conservatorio Superior de Música "Manuel Castillo" de Sevilla. Posteriormente completó sus estudios en París y ha impartido clase en los conservatorios superiores de Sevilla y Jaén.
Si leen algunas de las reseñas de sus conciertos el adjetivo que más se repite es "virtuoso".

Creo que la ocasión merece abrir una botella de Bollinger, el preferido por James Bond.
La música hoy, claro está, la pone él.



                    



Iba a empezar por el principio, por tu vocación y tu trayectoria hasta llegar -tan joven- donde estás, pero no me resisto a contarte que estuve hablando con un antiguo compañero de colegio que es profesor de violín en el conservatorio y cuando le comenté que te iba a entrevistar me dijo: Pregúntale si Bach o Beethoven y con eso ya le tienes entretenido toda la entrevista.
¿Y por qué no Mozart? Siempre lo he pensado: todos conocen a Mozart como el genio por excelencia, pero no sé qué ocurre en los conservatorios. Se le valora, nadie lo niega, pero los referentes son Bach y Beethoven. Y eso que su repertorio es absolutamente genial, extensísimo e imprescindible.

Supongo que es debido a que los herederos del romanticismo beben de Beethoven y los de la Segunda Escuela de Viena de Bach. También habrán ayudado Hans Von Bülow, Glenn Gould, Harnoncourt…  y una visión excesivamente evolucionista y analítica de la música. Aunque bajo esta visión hay también argumentos para defender a Mozart.
En fin. Esto es como el famoso Wagner sí o Wagner no. Yo me quedo con todos.


Ahora sí, háblanos de cómo nació tu afición, cómo decidiste seguir la carrera profesional y ya de paso, si quieres, cuáles son los pasos académico que sigue un músico. Todos conocemos, por ejemplo, cómo se forma un médico, pero no vuestro caso.

Vengo de una familia de músicos. Con seis o siete años mi madre me enseñó a interpretar parte de la famosa Toccata y Fuga en Re menor de Bach y vio que la aprendí muy rápido. También tocaba de oído alguna piececita fácil, incluso vuelto del revés, un juego que vi en la película Amadeus, así que me apuntaron al conservatorio para que estudiase piano.

El proceso fue el común: cuatro años de grado elemental, seis de medio, y los últimos cuatro de superior, cuyo título es equivalente a una carrera. Después fui a estudiar a Paris y me saqué las oposiciones de piano. He dado muchos conciertos y he estado trabajando en varios conservatorios profesionales y en los superiores de Jaén y Sevilla. También me saqué un par de másteres, e hice la carrera de composición y la de dirección.

Suelo introducir una pregunta sobre educación y en esta entrevista me interesa especialmente. Mucha gente de mi generación hicimos algunos cursos en el conservatorio. Imagino que a día de hoy, la manera de enseñar dista mucho de tener que estudiarte el denso librito de Zamacois de teoría y de no oler el piano hasta que llevas dos años de solfeo.
Hoy se empieza piano y lenguaje musical (solfeo) a la vez. La teoría es mucho más práctica. Por cierto, que aprovecho para hacer apología del solfeo. Si quieres aprender poesía, lo lógico es saber leer. No tiene ninguna lógica empeñarse en lo contrario y encima presumir. Lo mismo debe ocurrir con la música. Parece que la gente no tiene claro eso, y de aquellos polvos estos lodos en muchos alumnos con una base deficiente.


Casi a título personal, porque tengo una sobrina que lleva dos años asistiendo a clases -tiene 6- ¿el único criterio para insistir en que un niño aprenda un instrumento es “que le guste”? ¿Se sabe pronto si alguien tiene aptitudes y, en cualquier caso, cuánto pesa eso? Lo digo porque yo me arrepiento todos los días de haberlo dejado y hubiera preferido que me obligaran. Aunque en la adolescencia retomé y lo volví a dejar dos cursos después, así que se me acaban los responsables externos …

El niño debe estudiar porque es su obligación. Los padres decidirán qué formación ha de tener, y ya de mayores que hagan lo que quieran. Si eliminamos en ellos el sentido de la obligación, difícilmente aprenderán música.

Lógicamente un buen profesor reconoce de inmediato si el alumno tiene aptitudes, pero si no las tiene, se cultivan. Nadie renuncia a que su hijo sepa matemáticas porque le sea difícil. ¿Y para qué sirve la música si el niño no se va a dedicar profesionalmente a ello? Pues supongo que para lo mismo que a un ingeniero conocer a Lorca. El ser humano transciende su faceta profesional y hay cosas que son importantes aunque no ayuden a construir un puente. Intuyo que has leído El despertar de la señorita Prim. Aprovecha y regálaselo a los padres de tu sobrina (risas).

Aprovecha para hacer proselitismo…la cultura musical en España fatal, ¿no? Y supongo que la raíz del problema está en la poca atención que se le presta en el colegio. No sé si se sigue tocando “Susanita tiene un ratón” con la flauta de plástico amarilla…
Quizás sea algo cultural. Estuve viviendo en París y me contaron que no había grandes planes de estudio musicales en los colegios. Eso sí, los niños que se apuntaban a coros sabían leer partituras a cuatro voces.  Cuento dos anécdotas: allí fui a comprar en un Fnac un CD del Op. 25 de Schoenberg. Rara avis para el común de los mortales. Le pregunté al encargado y me dijo de memoria que tenían la versión de Pollini y la de Glenn Gould, pero que él prefería la de Pollini. En España me hubieran dicho que buscase por la S. Otra anécdota: le conté a un amigo que yo iba a ver la ópera El amor de las Tres Naranjas de Prokofiev. Pues no era músico y me la empezó a tararear.

Lo mejor que se puede hacer en los colegios es inculcar el amor por la música clásica de la manera más desordenada posible (risas). Es mucho más útil que lo de Susanita o que llevarse un mes hablando de instrumentos idiófonos y membranófonos.

El otro día, cuando ya habíamos acordado la entrevista, se emitió un programa de entretenimiento en el que juegan con preguntas de cultura general. Anoté exactamente lo que ocurrió porque no quería dejar de preguntarte por ello.
La cuestión era: ¿Cuál de los siguientes personajes dirigió la Ópera de Viena?
Y las opciones:
-Mahler  -Liszt -Schubert -Brahms -Debussy.

Bien, a mí no me parece mal (del todo) no saber la respuesta. Lo que me pareció escandaloso fueron los comentarios de los concursantes: “En su casa los conocerán” “Quita el amarillo que es el color corporativo de Correos y me da rabia” “Yo quitaría al Debasy”.
Esto no es un problema de inculcar el amor por la música clásica como dices…

Inculcar el amor por la música clásica no es evitar enseñar mientras se pone un CD de fondo y se dicen cosas como que la música ayuda a la paz o que es muy bonita porque relaja. Aún recuerdo que eso me lo dijo una señora después de oír a Kun-Woo Paík tocando el tercer concierto para piano de Prokofiev, cuando lo lógico es salir del teatro con taquicardia. Esos son los que se tatúan claves de sol y pronuncian Debasy. Enseñar el amor por la música es hablarles en profundidad de Brahms, de Schubert o de Liszt, y que los escuchen, los reconozcan, que comparen directores, opinen sobre las versiones…  Y por supuesto que escuchen en casa.

La enseñanza en el colegio es demasiado esquemática y peca de abarcar mucho y apretar poco. Quien pierde tiempo con lo prescindible se lo roba a lo imprescindible. Al final los estudiantes no saben nada. Por eso ironizaba con lo de enseñar de la manera más desordenada posible.

El piano es el instrumento rey de todo el repertorio clásico, ¿podrías decirnos qué compositores te han influido más o aquellos con los que tienes mayor afinidad y por qué?
Con lo de “instrumento rey” me vas a meter en un lío. A Itzhak Perlman eso le molesta muchísimo (risas). Desde muy pequeño me han gustado los compositores rusos del XX y cierta música contemporánea. Recuerdo que en mi primera comunión me regalaron la película Fantasía y escuchaba la Consagración de la Primavera una y otra vez. También tocaba piezas del compositor italiano Alfredo Casella y me encantaban. Eran muy distintas a las obras a las que estaba acostumbrado. Además tenían tanta energía… De la mano de ellos entras en Ligeti, y a partir de ahí suma y sigue.  


¿Qué nos puedes decir de los intérpretes actualmente en activo y del estilo interpretativo? ¿A cuáles destacarías? ¿Hay algún intérprete que te haya influido o marcado especialmente? ¿Ha habido algún intérprete del siglo XX que haya cambiado el rumbo de la historia de la interpretación?

Yo destacaría ahora a Giorgi Sokolov. Una personalidad única, y eso que todas las personalidades son únicas (risas). Con solo escucharlo sabes que es él, y eso es muy difícil. Podría citar a más, claro está, pero me daré el placer de limitarme a él.

En el siglo XX ha habido grandes pianistas, pero no me atrevo a señalar a nadie como ese Mesías. Quizás, en el preludio del siglo, Anton Rubinstein (no confundir con Arthur) pero creo que hubiésemos llegado al mismo punto sin él. Otra cosa es meternos en campos distintos al piano. Con Celibidache hubo un antes y un después en el arte de la dirección de orquesta, o con Rostropovich en el violonchelo. También podemos hablar de las interpretaciones historicistas y de Harnoncourt. Esto viene de atrás, no nos olvidemos de Fétis, pero aun así considero que su influencia ha sido muy grande.

¿Se puede hablar actualmente de varias escuelas interpretativas? En tal caso ¿cuáles serían estas, se pueden resumir brevemente para un aficionado?
No creo mucho en las escuelas interpretativas. Sokolov se molesta mucho cuando aluden a la escuela rusa. Yo prefiero hablar de árboles genealógicos de pianistas, como los suelen llamar. Backhaus decía algo así como “Czerny enseñó a Liszt, Liszt enseñó a Eugene d’Albert y Eugene d’Albert me enseñó a mí.” Frase para enmarcar. Yo también tengo los “genes” de Czerny, Liszt, Beethoven y Clementi (risas).

En todo caso, al final lo que cuenta es la interpretación personal. Si quieres te puedo hablar de la escuela rusa, húngara, francesa o italiana, pero no creo que responda mucho a la realidad.

El repertorio para piano es casi inabarcable, desde las obras para teclado de Froberger o Couperin hasta compositores vivos como Arvo Pärt, ¿cómo eliges o decides qué nuevas piezas incluir en tu repertorio? Creo que te gusta especialmente Mozart, Chopin (Por cierto; Chopin o Liszt?) y Prokofiev.

Te voy a decepcionar, pero mi proceso de selección es muy simple (risas). Lo que conozco y me gusta, lo toco. Sí intento que haya cierta coherencia y atractivo al seleccionar el repertorio de un concierto. También que no sea demasiado típico. No sé cuántas veces he oído el Carnaval de Schumann como segunda parte de un concierto.

Lo de Chopin o Liszt es como lo de Beethoven y Bach, pero aquí me mojaré: prefiero a Chopin. Tiene una elegancia y una profundidad inigualable. Además hizo sonar el piano con una sonoridad belcantística única, aunque le antecediesen Field y algunos románticos. Perdón por simplificar, pero Liszt es Chopin con fuegos artificiales. Un genio, me encanta su música, pero a veces es demasiado efectista o divaga mucho. Estas cosas solo las puede decir Brahms, lo sé, pero en fin (risas). En todo caso, explotó los límites de la armonía y abrió paso al impresionismo. Intelectuales como Brendel, Casella o Messiaen lo veneran.

Los meros aficionados que no sabemos de interpretación nos preguntamos en ocasiones hasta dónde llega la libertad del intérprete al abordar una obra, ¿cómo abordas una nueva pieza, desde un criterio racional y práctico o también entra en juego lo simbólico, el significado de la pieza?

La música tiene sus propias reglas. Hay cosas que funcionan y otras que no. Si una obra está bien escrita, lo racional y lo simbólico suelen llevar a un mismo sitio, aunque haya cintura. Leer, escuchar, analizar, y pararse a pensar siempre ayuda.

Antes creía que una obra solo podría ser interpretada de una manera, pero los grandes pianistas demostraban que no era así. Al final el arte performativo es un equilibrio entre la sorpresa y lo esperable. Si sabes jugar con esto puedes interpretar con originalidad. Te recomiendo ver en Youtube el Concierto para clave nº 1 de Bach tocado por Gould y dirigido por Bernstein. La tensión que crea casi al final del primer movimiento con un diminuendo extensísimo es genial. Lo ves una y otra vez y no te cansas. Muy pocos lo hacen así.

Ahora que mencionas a Gould, un lector (@lalbert75) quiere saber tu opinión : ¿genio o chiflado? No son excluyentes, pero ¿qué crees que prima en Glenn Gould?
Genio sin lugar a dudas, y además todos los grandes lo reconocen como tal. Por supuesto su personalidad ayuda a crear el mito. Te recomiendo su libro Escritos Críticos, de la editorial Turner, y sobre todo la parte "Glenn Gould entrevista a Glenn Gould sobre Glenn Gould" (risas). Aparte de su música, en vídeo tienes muchísimo material para conocerle o incluso divertirte. Teclea "Gould Monsaingeon", "so you want to write a fuge", "Glenn Gould animals"... supongo que tras esto vas a querer conocerle mejor. Y luego, ya en serio, escucha cualquier cosa suya. Imprescindibles las Variaciones Goldberg. Hay tres versiones: la de 1955, la de 1981 y la del festival de Salzburgo, pero yo prefiero la del 81.


Hay una tendencia reciente hacia las interpretaciones históricamente informadas (HIP) o historicistas ¿Han aportado algo realmente reseñable tanto al intérprete como al oyente o crees que hay mucho de pose y moda? ¿qué piensas de la interpretación historicista del repertorio del 1700 hasta la muerte de Beethoven? Todos los que os enfrentáis al repertorio de esa época con los instrumentos y criterios actuales tenéis ese dilema…

Yo no tengo el dilema. Hago simplemente lo que me gusta (risas). Tiene bastante sentido interpretar algo del modo en que fue pensado originalmente, pero la pregunta es: ¿no vale la pena tocar esa música de otra forma si el resultado es bueno? Para mi sí, aunque es cierto que saber cómo se interpretaba en su época ayuda a comprenderla.

Aún así, hay que evitar caer en el esnobismo. Tenemos grabados algunos conciertos de piano de Rachmaninov, Prokofiev o Shostakovich tocados por los propios compositores y nadie los interpreta como ellos. ¿Nadie señala la contradicción? ¿Por qué pasa esto? Simplemente hoy día se interpreta de otra forma. Seguro que si tuviésemos grabaciones de Bach tampoco lo haríamos igual.

La música del siglo XX es la gran desconocida, para mucha gente, incluso a aficionados a la música clásica más conocida de los siglos XVIII y XIX le cuesta mucho familiarizarse con ella, ¿Por qué crees que resulta tan difícil e impopular? ¿Cómo hay que acercarse a ella, es necesaria una actitud determinada, diferente a las de la música clásica más popular? ¿Podrías recomendar unas obras más básicas (y fáciles) para alguien que se quiera acercar al repertorio más contemporáneo y actual?
Si la vanguardia proclama con orgullo la muerte del arte, es previsible que el público se queje porque se hayan cargado el arte. ¿Qué esperaban?

Esto lo digo yo, que me gusta este estilo, que he compuesto, tocado y escuchado mucho, y que puedo contar con orgullo que Pierre Boulez me ha corregido algunas partituras. Pero entiendo los problemas.
La música es la combinación y ordenación de los sonidos. Es su lógica, que descubrimos consciente o inconscientemente, la que nos hace disfrutar. Pues esto es precisamente lo que en buena parte elimina la vanguardia. Difícil encontrar melodías o patrones rítimicos reconocibles. Eso sí, se salva porque los compositores buscan la coherencia en otros elementos… o no, como diría Rajoy (risas). Ahí está el azar y la indeterminación.

¿Qué recomiendo para iniciarse? Ver películas de Stanley Kubrick (risas). Ahí tenéis a Ligeti, Penderecki o Bartók con imagen en movimiento. Os sorprenderá encontrarle sentido a esta música. Ah, y también es bueno empezar por los neoclásicos.
Hay que ir con buena predisposición. Hace años vi una entrevista en la que Ligeti contó cómo se emocionaba con Kurtág. Lo dijo con sinceridad, prueba de que merece la pena, al menos para quien quiera. Al final todo consiste en saber que Xenakis no es Schubert. A la gente le gusta oír el crepitar del fuego y lo hace sin la frustración de querer encontrar una melodía. Hemos de asumir que estamos ante algo distinto.


¿Estás de acuerdo con el uso del término ‘música culta’? El director de orquesta Íñigo Pirfano se refiere a ella como “la gran música”. ¿Música clásica no es correcto? Acláranos un poco esto de la terminología.

Sobre lo confuso del término hablaba mucho Bernstein. Lo malo de la reflexión es que enseguida uno pasa a preguntarse qué es esta música ¿Es solo la sinfónica? ¿Y para piano solo? ¿Y el pop al piano? ¿Philip Glass es clásico? ¿Qué es lo culto? ¿La primera de las 24 Piezas para Niños de Kabalevsky lo es?
El clasicismo constituye solo una pequeña parte de la historia de la música, pero el término “música clásica” ha calado. La magia de la metonimia. Todo el mundo lo usa, y aunque sea inexacto, me gusta porque señala un referente. Tomamos a Stockhausen como homólogo a Mozart, pero John Lennon, por mucho talento que tenga, ya es aceptar barco como animal de compañía (risas).


Me parece haber leído que Stockhausen tenía un genio terrible; Karajan crispó a toda una Filarmónica de Berlín. ¿El ego de los músicos es particularmente difícil?

Hoy día los directores son mucho más educados. Antes se cometían excesos que ahora serían impensables. Toscanini, en un ensayo, les gritó a los músicos algo así como que ojalá se reencarnase en portero de burdel para prohibirles la entrada. Otto Klemperer también debía ser odioso, o George Szell… Pero también los había entrañables como Sir Thomas Beecham. Hoy, como mucho, te encuentras con ególatras tipo Barenboim, quien se esfuerza en aparentar lo contrario en público. Pierre Boulez, al que Alex Ross da muy mala fama, siempre tuvo un trato correctísimo conmigo. Quizás se ha malinterpretado la expresión “enfant terrible” y se han sobredimensionado algunos comentarios suyos.


¿Qué música actual escuchas? ¿Qué otros campos de interés tienes? Eres aficionado a la literatura y a la actualidad política…
Me limito a la música clásica. Conozco la música pop actual, claro está, pero también sé quién es Messi y no veo fútbol. No rechazo el pop: simplemente le doy su lugar.

También me gusta la literatura, la actualidad política, la historia, la pintura, el cine o la teología. En todo caso, solo atiendo a lo que quiero. No me leo cualquier libro o veo cualquier película. Me desespera perder el tiempo en algo que no me interesa.


Has citado un par de veces a lo largo de la entrevista a Nikolaus Harnoncourt, un director muy controvertido y uno de los padres del movimiento historicista, ¿puedes extenderte un poco en tu opinión de él? ¿ha sido tan trascendente para la dirección orquestal como algunos sostienen? ¿Qué grabación o grabaciones recomendarías para los que estén interesados en acercarse a su estilo? 
Yo creo que ha sido más trascendente como adalid del movimiento historicista que como director. En ese sentido, claro que ha marcado. Marcar para mí no significa que todos los directores usen instrumentos de época, sino que se van a acabar ciertos excesos completamente alejados de la concepción original de la obra. Como en política, se mueve la ventana Overton.

Recomiendo sobre todo Bach y Monteverdi. También hay muchas grabaciones en las que puedes ver a Harnoncourt hablando de música. Muy interesante


Vamos con la pregunta de las bodas. Mi cruzada es desterrar el canon de Pachelbel de la ceremonia, pero me parece mal no dar alternativas. En la boda de mi hermana me dejaron encargada de seleccionar la música y yo tuve la suerte de poder endosarle el marrón a Pirfano. Esta fue su recomendación: Mozart, Mozart y Mozart. El aria “Exsultate, Jubilate” KV 165, el “ Laudate Dominum” de las Vesperae solennes de Confessore KV 339 para el ofertorio, una soprano que se atreva con el “Et incarnatus est” de la Gran Misa en Do menor KV427… como consigna general que nunca falla, nada de Pachelbel, Albinoni o Enio Morricone.
Nihil Obstat?

Gran recomendación. Mozart es grandioso, solemne, litúrgico, perfecto para el canto… Lo primero es saber qué formación instrumental o vocal prefieres, y a partir de ahí seleccionas el repertorio. Si es cantado y escoges buenas voces, mejor que mejor. Y si hay órgano, que parece que últimamente está desterrado, también. Tantísimas iglesias españolas con joyas de órganos, y todos los músicos llevándose su piano electrónico… Hay que recuperar el motu proprio Tra le Sollecitudini de Pío X contra los instrumentos fragorosos (risas).

Mi consejo es que en las bodas te alíes con el señor Pachebel y el señor Albinioni contra John Lennon, Yiruma o Il Divo (risas).

Lo mismo pasa en el conservatorio. Lo siento por Beethoven, pero ya aborrezco Para Elisa. Punto para Bach. Eso sí, sé que es mi aliado contra Doraemon o Piratas del Caribe en los conservatorios elementales. Así está la cosa (risas).


Bueno, yo he contado alguna vez que para desmaquillarme por las noches y lavarme los dientes etc, me pongo el cuarto movimiento de la quinta de Beethoven. Porque a mí me sugiere épica, y me gusta acabar así el día, habiendo cumplido con una gran misión. Dame una alternativa para ir variando.

Me sale recomendarte el segundo movimiento de la sétima de Beethoven, aunque no tenga nada que ver (risas). Tienes que oírlo. Si quieres algo épico y además conocido, prueba con la Obertura 1812, el cuarto movimiento de la novena de Dvorak... o si no es antes de dormir, el tercer movimiento de la octava de Shostakovich, el primer movimiento de la sétima, el primer movimiento de la quinta de Mahler… Hay tantas.

Ah, y algo que me encanta: Ivan el Terrible de Prokofiev, la versión tipo cantata. El narrador declama en ruso cómo nació el zar, y tras el grito de "¡Zar Ivan Vasílievich el Terrible!" comienza la música... Hay muchas versiones y grabaciones, así que te tienes que asegurar que aparezca esa introducción. Genial.


Y ahora, te voy a pedir que te mojes un poco más. Dos fenómenos mediáticos, cada uno en su estilo: James Rhodes y Jaime Altozano.

Muy a favor de Altozano, y muy en contra de Rhodes.
Altozano es un muchacho que sabe de música y se nota. La explica muy bien y sin tecnicismos, y eso lo puede hacer porque la entiende. Acerca la música a todos. Se agradece gente así.

Rhodes es un pianista de tantos que prefiere ser conocido por su activismo, ya que por su música sería complicado. La salida del mediocre. Una estafa. Es como creer que la comida rápida puede ser alta cocina si denuncia el cambio climático. Seguro que los que van a sus conciertos dicen constantemente “plausible” y lo confunden con “posible” (risas).


Mil gracias, Jesús. Por tu tiempo, tu sabiduría y tu sentido del humor.  Una vez me dijiste que cada vez más adultos retomaban los estudios de piano. Te libras de mí porque estamos lejos :) 


jueves, 31 de octubre de 2019

El arte de la poesía

"Con los versos de uno, si hay suerte, liga otro"


Me imponía entrevistar a Enrique, la verdad. Tan solo había intercambiado un par de mensajes con él antes de proponerle participar en estas conversaciones y para mí es un autor de referencia.

-Serán un par de mails- le prometí esperando que no se lo pensara dos veces.
-Pelotearemos con correos hasta que quede muy bien- me contestó.



Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969) es el tipo de persona del que no te explicas cómo lo hace. Su producción es inabarcable, pareciera que las horas tienen más minutos para él y podríamos suponer que todo es el resultado de una actividad frenética. Y sin embargo, te trata como si no tuviera nada más que hacer en todo el día.

sábado, 5 de octubre de 2019

El arte de la diplomacia





"Quizá soy diplomático por un exceso de novelas de aventuras en la infancia"





No hace tanto que conozco a Mario Crespo (León, 1987) y no sé cómo pero siempre me hace sentir como si fuéramos amigos de toda la vida.

Acaba de dejar su primer destino como cónsul de España en la embajada de Bolivia para ocupar el cargo en Caracas. Es un honor poder acceder tanto a la persona como al diplomático y espero les resulten tan interesantes sus respuestas como a mí.